Thursday, March 16, 2006

Creative Use of Imagination

ENTER INTO THE STATE
AND NOT SIMPLY THINK OF THE STATE

Blake makes the statement: “If the spectator could enter into the images in his Imagination, approach them on the fiery chariot of his contemplative thought; if he could make a friend and companion of any one of these images in his Imagination…” Well, he emphasized “enter into the image,” not to contemplate it as something on the outside. I contemplate now New York City. I am seeing it from San Francisco. If my desire this night is to be in New York City, I say I can’t afford the time, or maybe I can’t afford it because of lack of funds, or maybe my commitments will tie me here − I don’t know, yet my desire is to be in New York City. I must, if I would realize it in spite of the limitations that now surround me (money, lack of time, obligations − call it what you will, I still want to be in New York City) I must enter into the image that is now something on the surface of the mind “out there,” 3,000 miles away. Standing here, I must shut out the belief that I am in San Francisco.

Knowing New York City quite well, I would assume I am standing in a most familiar part of New York City and let it surround me. I must be in it, and then think of San Francisco. I must now see it 3,000 miles to the west of me, as I now see New York City 3,000 miles to the east of me. If I go into that state and dwell in it and make it natural, though I remain in it only for a little while, a minute or so, then I open my eyes − I am shocked to find that I am still here. I came back here. I have done it. I have entered into the state of my desire and I will move across a bridge of incidents, a series of events, that will lead me and compel me to take a journey to New York City.

Now, this I have used only as a spatial example. You can take it in a financial sense, take it in the social world, take it in any way whatsoever. That is what came to me a few days before I closed. For if I could find something more simple to tell them than I think I have told them, this would be it: to enter into the state and not simply think of the state. Thinking from it differs from thinking of it. I must learn to think from it. A man who this night came into a million dollars, from that moment that man is made aware that he has a million, when prior to that he had nothing. He is thinking from the consciousness of having a million dollars. He is not thinking of it; he is walking in the consciousness of having a million dollars. He’s not hoping for it, wishing for it; he is actually in it.

IMAGINATION

Lecture #412 – Neville 07/14/1969

Saturday, March 11, 2006

i felt it was ceramic


i felt it was ceramic
Originally uploaded by antimethod.

photo by cole rise

Op-Art

gVisit.com (where are you from?)

It's fascinating to know that your blog is visited from so distant places.

Here's yesterday's map of visitors.









Thanks gVisit.

Thursday, March 09, 2006

Socialogue


Socialogue is an online free cataloguing service for your music collection, movies collection and books library. I would use it for CDs and DVDs, since I find LibraryThing to be a better library manager.

mail2rss -- disposable email accounts

Mail2Rss is a combination of email address and rss feed.

Avoid spam, read received messages through a feed reader (like netvibes.com), don't worry about virus and attachments -they don't get to you. No reply, just read. No set up. No need to delete messages, they are automatically off past seven days of arrival.

Why using this instead of a conventional email address?
  1. You prefer reading email newsletters as a feed, so forward them to Mail2Rss.
  2. You subscribe to news sites and don't want to use your regular email account.
  3. You want being contacted by readers but not disclosing yet your main email address.

Wednesday, March 08, 2006

Gracias, Mangas Verdes

Manuel M. Almeida, periodista y autor de Mangas Verdes, escribe una amable reseña de mi articulo Bits contra Atomos: la batalla por la creacion. ¡Muchas gracias!

Lux

Robot Dance

P2P: the new cultural global paradigm

Peer to Peer and Human Evolution

From Wikipedia, the free encyclopedia

Peer to Peer and Human Evolution is an essay by Michel Bauwens that expands the P2P meme beyond computer technology. It argues that egalitarian networking is a new form of relationship that is emerging throughout society, and profoundly transforming the way in which society and human civilization is organised. The essay argues that this new form of non-representational democracy is a crucial ingredient in finding the solutions to current global challenges; as well as a new and progressive ethos representing the highest aspirations of the new generations.

See also

External links


From the Integral Wiki article "Peer to Peer and Human Evolution"

Source: Wikipedia

International Women's Day


Official site.

Tuesday, March 07, 2006

BITS vs ATOMOS

ARTE, CULTURA Y LA REVOLUCIÓN DE LA ERA DIGITAL
Bits contra Atomos: la batalla por la creación


Bit, unidad de información: uno o cero. La era digital.

Hasta hace poco, la producción de los artistas y creadores tomaba forma material.

Los arquitectos construyen edificios. Los escultores y pintores crean esculturas y pinturas.

Los actores y bailarines usan su cuerpo y su voz para expresar emociones y dar vida a personajes.

Los músicos componen partituras o tañen sus instrumentos en concierto.

Los fotógrafos y cineastas captan imágenes en película que luego imprimirán en papel o proyectarán sobre una pantalla.

Los poetas, novelistas y ensayistas producen manuscritos o ejemplares mecanografiados, encuadernados como pliegos o como libros.

Edificios, esculturas, lienzos, cuerpos humanos, violines, partituras, películas, diapositivas, fotografías y libros, están hechos de átomos.

Por mucho tiempo, los artistas -como arquitectos, escultores, pintores, actores, danzarines, músicos, fotógrafos, cineastas y literatos, se ganaron la vida vendiendo sus obras hechas de átomos, que se podían poseer y tocar, o ver y escuchar en directo.

Si las artes tratan de agradar o de informar los cinco sentidos, habría que añadir entre los artistas a los cocineros, a los decoradores, a los modistas y a los perfumistas. Todos ellos obtienen su sustento vendiendo su habilidad de arreglar los objetos, elementos y al final átomos que afectan a uno o varios sentidos. Es decir, en forma de platillos comestibles, de mobiliario y adornos para el hábitat, de ropa y accesorios para vestir o de aromas para la piel.

Los literatos fueron los primeros creadores, artistas o autores, en descubrir que su obra se podía replicar por un número indefinido de ejemplares. Así, el autor literario, inauguró el modelo del cobro en serie por una obra. El editor, productor de la tirada de libros, entregaría al autor un porcentaje de los beneficios o de las ventas. Fue la primera revolucion en la difusión de la cultura. Todo gracias al bueno de Gutenberg, inventor de la imprenta.

Mientras tanto, músicos, arquitectos, pintores, escultores, actores, danzarines, cocineros, perfumistas, modistas y decoradores, siguieron viviendo de la venta de sus obras, piezas únicas. Cada baile, cada concierto y cada drama: una representación en vivo, un esfuerzo real, por el que se cobraría. Cada escultura, cada pintura, cada cocido, cada arreglo floral o de alcoba, cada frasco de perfume, cada vestido, cada edificio, una obra material única, cuya creación se vendería y cobraría de una sola vez.

La segunda revolución en la historia de la difusión del arte, ya hemos dicho que la primera es la impresión en serie de textos, es la fotografía, y su hermana menor (aunque se hizo muy grande), la cinematografía, que además de constituirse en un medio artistico por sí mismo, ofreció la posibilidad de registrar y reproducir visualmente la realidad, como una representación de esta.

El fotógrafo, al crear su obra visual sobre su soporte específico, la pelicula o negativo, aprovechó la posibilidad de imprimir sobre papel sensible la imagen proyectada y crear un número indefinido de impresiones químicas sobre ese material. Siendo cada una de ellas supervisada por su creador, la fotografía en papel se convertía de nuevo en una obra original, de manera que en una misma serie se podrían encontrar diversas interpretaciones del motivo original registrado en el negativo fílmico. Tradicionalmente, el fotógrafo comercializaba sus fotografías en papel, guardando para sí mismo el original de la obra y primer soporte: el negativo, la película.

La posibilidad de fotografiar edificios, pinturas y esculturas, en lugar de reemplazar a las obras originales que las fotografías representarían, ayudó a la difusión del arte de sus creadores. Y con el tiempo la fotografía encontró precisamente en la publicidad una de sus más rentables utilidades.

El cine, un medio más de creación y uno de los más modernos, siguiendo los pasos de la fotografía se convirtió no sólo en una forma autónoma de arte sino también en un instrumento de documentación de la realidad. De repente, actores, trovadores y danzarines, encontraron en el cine un refugio donde dejar constancia de sus habilidades. Un arte sirviendo a otras artes. Los estudios cinematográficos contratarían a toda suerte de artistas para desarrollar sus complejas producciones.

La película cinematográfica, a diferencia de la película fotográfica, encontró en la replicación su salida comercial, para que los fotogramas en la cinta fílmica, pasando por delante de la lente, pudieran ser proyectados sobre una gran pantalla en un amplio salón a oscuras. Se necesitarían muchas copias de la película, repartidas en igual número de salones de exhibición donde se pudieran proyectar, para cubrir los gastos con el precio de la entrada.

Casi al mismo tiempo que el cine, la música dio lugar a la tercera revolución, después del libro y de la película, en la historia de la difusión del arte. Fue la invención del registro sonoro. Pronto, las gramolas y los discos que girarían en ellas, permitirían escuchar una y otra vez las voces y orquestas que fueron grabadas en un auditorio o en un salón radiofónico. Múltiples copias de la misma actuación musical en forma de discos de vinilo serían adquiridas por el entusiasta público, como nueva avenida de ingresos para los músicos, sumándose a la tradicional -el concierto en vivo.

La cuarta revolución en la historia de la difusión del arte y de la cultura se manifestó en dos medios: la radio y la televisión, es decir, se trataba de la transmisión a distancia de contenidos sonoros o audiovisuales. Estos dos medios tuvieron un enorme impacto en el siglo XX, permitiendo que la información elaborada por los periodistas profesionales, junto con muestras sin fin de la cultura universal, como documentales y representaciones de ficción, viajaran al interior de todos los hogares.

Pero llegó el siglo XXI y todo tendría que cambiar drásticamente.

La quinta revolución en la historia de la difusión del arte se hizo presente. El bit. La digitalización.

Las tecnologías de la información crearon el lenguaje binario, por medio del cual sonidos e imágenes del mundo real pueden ser codificados en un sistema de entrada y decodificados en un sistema de salida, a la velocidad de la luz y entre dos lugares enormemente distantes.

A pesar de que un sonido o una imagen digitalizada no suena o aparece igual que su original, el ser humano en general no percibe la diferencia.

Fue la industria de la música la primera en implementar el sistema digital a las obras que comercializaba. Nació el disco compacto.

Con la aparición de internet, la sexta y más poderosa revolución en la historia de la difusión del arte y la cultura, las inmensas posibilidades del bit se hicieron realidad, efectiva y contundentemente.

Los bits de los que un disco compacto musical es soporte, pueden ser leidos y transportados al otro lado del planeta en un milisegundo, y reproducidos en un ejecutador de bits con salida sonora. Tambien pueden ser simplemente almacenados en un soporte para memoria en bits, es decir, digital..

En el mundo del cine, los estudios de producción cinematográfica siguieron los pasos de la industria musical, digitalizando sus películas. Y, al mismo tiempo, la industria de la fotografía fabricó cámaras que usaran sensores, procesadores y soportes de memoria digital para almacenar imágenes, en lugar de negativo fílmico.

El libro en formato digital no se hizo tampoco esperar. Las obras de los autores clásicos existentes como libro impreso, no sólo pasaron a ser fotografiadas con cámaras especiales llamadas escáneres y sus contenidos, los textos, convertidos en bits, sino que desaparecieron las antiguas máquinas de mecanografiar, de manera que los autores literarios usaban ahora otras máquinas, las ya populares computadoras personales, equipadas con sofisticados procesadores de textos, que directamente almacenaban los escritos de sus autores en forma binaria.

En un abrir y cerrar de ojos, literatos, fotógrafos, cineastas y músicos, se encontraron con que sus obras, antes dependientes del átomo para difundirse, ahora se habían liberado de este y circulaban a lo largo y ancho del planeta en forma de incorporeo bit, volviéndose capaces de reproducirse en el regazo de cualquier poseedor de una computadora conectada a la red digital universal de información, más conocida como internet.

La gente amante de la cultura estaba de fiesta. La alianza del bit con el arte, y la red universal de computadoras, trajo la posibilidad de un desarrollo colosal del conocimiento, al alcance de todos. Sin impedimentos físicos ni costes especiales, una obra musical, un libro, una película o una fotografía, podrían ser disfrutadas por cualquier persona, en cualquier lugar del planeta, en cualquier momento, instantáneamente. La Mediateca Universal, con un archivo inmenso, patrimonio de la humanidad, hecha realidad.

¿Quién se opondría a la democratización del uso y la experiencia de la cultura universal?

Una pregunta que debería tener una evidente respuesta: nadie.
Sin embargo, una pregunta que, para poder responderse, primero debería encontrar resuelta otra.

¿Cómo obtendrían sus ingresos los autores, creadores y artistas, los hacedores del material cultural, en la era digital, cuando sus obras ya no estaban sujetas al átomo para su transmisión, duplicación y reproducción?

Desde luego, dijeron muchos, los creadores y sus abogados/gestores no deberían aplicar un peaje al bit por cuenta del ejemplar de una obra que ya no está hecho de átomos, y que no tiene por tanto los mismos altos costes que tenía cuando lo estaba.

En los primeros años de confusión en la transición desde el modelo atómico al modelo binario, surgieron muchas propuestas.

Esta fue la que el sentido común, junto con avanzadas técnicas de identificación, rastreo y control del tráfico de obras digitales en la internet, impuso:

* Los músicos debieron aceptar que su obra fuera duplicada digitalmente, sin reservas, libre y gratuitamente, a cambio de que se aplicara un impuesto o canon a los soportes de almacenamiento de bits (discos duros, discos fungibles, memorias flash, etc) y que el porcentaje adecuado se derivara a los creadores musicales según el tráfico que sus obras experimentaran en la red digital universal. Además, los músicos siguieron gozando de ingresos por conciertos, clases y seminarios, mercadería, composiciones de encargo, etc.
* Los productores cinematográficos, igual que los músicos, debieron aceptar la duplicación digital libre y gratuita de películas, pero a cambio cobraban una parte por los soportes que las almacenarían, de acuerdo al tráfico, o peticiones y descargas, que sus obras generaban en la internet. A ello se añadieron los ingresos por exhibición en salas de cine, los encargos publicitarios o documentales, y la mercadería relacionada con cada estreno cinematográfico.
* Los fotógrafos debieron aceptar que sus imágenes circularan libremente en formatos digitales, a cambio también de un porcentaje de los ingresos generados por el canon sobre los soportes de almacenamiento digital de información, medido según el trafico que sus obras generaban en la red. Por otro lado, devengaron ingresos por la licencia de sus obras a negocios, con fines publicitarios; por encargos fotográficos de diversa indole; por los seminarios que pudieran impartir y, cómo no, por los libros y tradicionales fotografías sobre papel, autentificadas y certificadas, que vendieran..
* Los autores literarios pudieron seguir obteniendo ingresos por los libros tradicionales que vendían conteniendo sus obras, y por el porcentaje del canon sobre los soportes de almacenamiento digital de información que a la circulación libre y gratuita de sus libros digitales correspondiera. Además obtenían ingresos por conferencias, seminarios y encargos o contratos literarios..

Las sociedades gestoras de los derechos de los autores comprendieron que resultaba inútil combatir la piratería de obras culturales, puesto que ese intento atentaba contra el principio ético de acceso universal a la cultura. En lugar de ello hubieron de autorizar la copia digital de contenidos culturales, ya que sus protegidos, los autores, encontrarían en la libertad de duplicación el mejor aliado para la difusión de su obra: un índice de su popularidad y reconocimiento, un instrumento de promoción. La mejor manera de retribuir a los autores pasaría entonces por gravar el equipo, el hardware de almacenamiento de contenidos digitales. De esta manera, los usuarios, consumidores y receptores del medio cultural universal, no hallarían motivo para romper los códigos de identificación de los archivos digitales, códigos o claves encriptadas que cumplían la misión de determinar todo lo referente a su circulación y número de descargas. Este sistema proporcionaba una medida objetiva del volumen de uso de cada archivo lanzado a la red, dato necesario para retribuir a su creador, al artista o autor, con el correspondiente porcentaje de los ingresos que las sociedades de autores obtenían globalmente sobre los soportes de almacenamiento digital. Un procedimiento indirecto de recaudación que satisfizo por fin a todas las partes.

A todas estas formas de ingresos hubo que añadir otra más. Los autores musicales, fotográficos, literarios y cinematográficos, como ocurría ya con los pintores, escultores y arquitectos, siempre tuvieron la posibilidad de vender los originales de sus obras: los primeros volcados en soporte atómico de sus trabajos; como cintas magneticas -los musicos, material fílmico -los cineastas, archivos raw/master o negativo/diapositiva -los fotógrafos, y manuscritos o mecanografiados -los literatos. Y por supuesto la memorabília: todos los objetos de sus talleres y estudios con los que crearon sus obras o les acompañaron en su trayectoria artístico-vital.

La sexta revolución en la historia de la cultura humana está solamente comenzando. Es la que ha convertido a cada ser humano en un potencial productor cultural y artístico, cuya voz u obra puede llegar hasta el último rincón de la tierra, sin necesidad de intermediarios.

Lux, Marzo 7, 2006.

The Bittorrent Song